Después de algunos cambios en la plantilla por cuestiones ajenas a nuestra voluntad, volvemos con energías renovadas para continuar con el ritmo habitual.
En los próximos post trataremos asuntos tan diversos como la economía, las finanzas, la legislación de mercados, la normativa contable, la aplicación de las economías de opción o el desarrollo de un mercado y el posicionamiento de la empresa dentro del mismo.
Sirva a presente y breve introducción como una mera ojeada a la sección que con este post comienza, en la que trataremos de la manera más normativa posible de ver cómo la economía se entronca en la sociedad y en los mercados y cómo desde ellos no únicamente genera bienestar sino sociedad y política.
Desde ayer, el banco de inversión JP Morgan es el propietario de la banca Bearn Sterns. La crisis de liquidez de esta última había precipitado el precio de sus acciones desde los 30 dólares (incluso a este precio habían cedido ya un 40%) el viernes hasta los dos dólares que supone la valoración que JP Morgan hizo para la compra. ¿Motivo de esta crisis? Las hipotecas basura, como no.
La operación, pactada con la directiva del banco comprado, evitará (en teoría) que Bearn Sterns hubiera acabado vendiendo a la desesperada dichas hipotecas a precio irrisorio, lo cual hubiera precipitado el hundimiento de otras entidades al desplomarse el valor de sus activos.
Resulta gracioso comprobar como se ha repetido este fenómeno. Durante los años 80, la firma Salomon Brothers fué pionera en la negociación de bonos hipotecarios. El producto consiste en tomar un gran volumen de hipotecas, agruparlas y “trocear” dicho conjunto en pequeños bonos que pagan un interés procedente de los pagos de dichas hipotecas. Los padres del invento calcularon que, cuando las hipotecas son de alto riesgo o “basura”, el interés alto que pagan por el riesgo siempre compensa los posibles impagos… aparte de la peligrosa suposición de que, llegados al extremo, alguna instancia de la administración acudiría al auxilio de los propietarios de las casas para impedir que se quedaran en la calle.
El problema es que, en una mala situación económica, una gran mayoría de las hipotecas de este tipo empiezan a tener impagos, con lo cual el invento anterior de desmorona… y el banco de inversión pierde hasta la camisa cuando la gente empieza a quedarse en la calle.
Con respecto a este fenómeno siempre he admirado la decencia que han tenido en Estados Unidos de, por lo menos, llamar las cosas por su nombre y etiquetar de “basura” estas hipotecas… cosa que en España no hemos hecho. Lo que debería de producir auténtica vergüenza es que incluso las cajas de ahorros, cuya función social hace tiempo que es una quimera, exhiben orgullosas ratios de morosidad aceptables. ¿No va con ellas el tema de las hipotecas de alto riesgo? Por supuesto que sí… solo que las han vendido a otras entidades financieras para quitárselas de encima. Así empezó la cosa en Estados Unidos, veremos como acaba aquí.
Al hilo de la reciente huelga de transporte público (autobús) me ha venido a la mente el papel de las organizaciones sindicales en España. Al margen de que su existencia me parece no solo legítima sino necesaria, siempre han habido voces que han cuestionado su representatividad. Por ejemplo, ¿hasta qué punto un sindicato incluye entre sus intereses la defensa de los becarios? Normalmente los trabajadores afiliados son fijos, probablemente porque el riesgo de ser despedido en caso de protesta influye bastante en la decisión de sindicalizarse.
Uno de los principales intereses de los becarios como grupo sería conseguir cierta seguridad de la posibilidad de ser incorpporados como fijos, cosa que hoy en día es muy difícil (por no decir imposible). Durante el tiempo que fuí becario oí a un sindicalista de la empresa comentar cuando le preguntaron por los becarios: eso no es asunto nuestro. Luego me explicaron que la principal presión para que ningún becario se quedara como fijo venía de los sindicatos… la incorporación de nuevos trabajadores que tenían nulo interés por afiliarse no les beneficiaba.
Volviendo a la posibilidad de establecer relaciones win-to-win… ¿no interesaría a los sindicatos ganarse la simpatía de los becarios de cara al día de mañana? No sería tan difícil, pienso yo, hacerlo.
A ver que opinamos los que hemos sobrevivido a despertarse con el frío… Ahora mismo tenemos en Madrid (pero podría ser en cualquier parte) a los conductores de autobús en huelga. Primero yo he agradecido que se hayan quedado en casa para demostrarnos lo cabreados que están con quién sea, más que nada porque la cantidad de gente que se amontonaba en el metro por no poder coger el bus me ha vuelto a dejar calentito de nuevo. Ahora bien, cuando he comenzado a sudar, esto de la huelga ha empezado a parecerme una injusticia…
¿Porqué cuando el grupo de gente que trabajamos en mi empresa nos cabreamos con el jefe no hacemos huelga? Pues porque no se enteraría ni el gato del portero y además nos íbamos al metro… pero no a estar calentitos sino a cantar algo y a pedir unayuditapofavó. Esto principalmente es lo que me impide solidarizarme con los camaradas del autobús.
Se me ha ocurrido una solución mientras me peleaba con una señora por coger el último periódico de gratis que había en la estación en la que me he bajado… ¿Porqué no hacen huelga pero a la japonesa y en fin de semana por la noche? Pensémoslo un momento… hace poco se dijo que el estudio económico que metro de Madrid había hecho para abrir los findes por la noche demostraba que los gastos no compensaban lo que costaba poner en marcha la red. Suponiendo que en los autobuses pasa lo mismo (o mucho peor, tal y como está el precio del gasoil), desde aquí lanzo un mensaje a los camaradas cabreados: ¡Haced huelga poniendo en marcha todos los autobuses diurnos por la noche este fin de semana! Ya veréis lo rápido que la empresa os concede todo lo que pidáis cuando vean la sangría de dinero. Y encima os sacaremos a hombros todos los que cogemos el bus…
Un saludo a tod@s en el comienzo de esta aventura que es econommia.
¿Habéis pensado alguna vez en cuánto ganaríamos si debatiéramos sobre economía? La sensación de que estamos a merced de fuerzas invisibles (o de una mano invisible, como diría Adam Smith) es a veces abrumadora.
Vivimos inmersos en el mercado, incluido el que valora nuestro trabajo. Podemos orientarnos juntos si queremos navegar en él.
Os lanzo una primera idea: ¿qué mueve a la mayor parte de fuerzas que nos rodean? Muy sencillo, el objetivo es apropiarse del excedente, en lo que sería la cadena del consumo intentar conseguir ganar el dinero que otros podrían ganar. En pocas palabras, ¿Cuánto estás dispuesto a pagar por algo?… La intención es que sea lo máximo para el que te lo vende.
Si no estamos de acuerdo entonces comencemos a discutir en este foro…
Si Michael Douglas dijo en la película Wall Street: Soy tu despertador… ¡a trabajar!, nosotros decimos: estamos interesados…. ¡así que a debatir!
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