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El Euro, divisa con vocación internacional

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El establecimiento de la Unión Económica y Monetaria y la creación del Euro como moneda única han significado uno de los cambios más relevantes y con mayor peso en la escena monetaria internacional desde la configuración de la disciplina cambiaria de Bretton Woods.

Zona Euro

La consolidación del Euro dentro del sistema monetario internacional depende directamente de múltiples variables asociadas a las diferentes funciones que desarrolla una moneda internacional. En su competencia con la posición que aún hoy sigue manteniendo el dólar americano conviene no perder de vista el dominio que éste ha ejercido durante el último medio siglo en la economía mundial.  Sin embargo en la denominación de las carteras privadas de activos, el dólar ha sufrido un marcada contracción a favor de las monedas europeas y el yen japonés.

Podemos decir que según la tendencia histórica que se viene observando, no es previsible que se vayan a producir cambios drásticos en la descomposición monetaria de operaciones y activos en los mercados. El reciente avance del euro en detrimento del dólar necesitará un periodo largo, progresivo y gradual para acabar de completarse.

Un hipotético proceso de internacionalización del euro y del yen obtendría mayores ventajas ya que se conseguiría un estrechamiento del ámbito de actuación de la divisa americana. Llegados a este punto parece más factible que pueda acabar ocurriendo esto en el caso del euro que en el del yen japonés, dado que la competencia ya establecida yen/dólar es mucho más intensa en la zona asiática.

Como moneda con vocación de facturación a nivel internacional, el euro es ya actualmente una referencia lógica en la Euro mayor parte de los intercambios comerciales que se dan entre los países de la Unión Europea, aunque hay que reseñar que el comercio “intracomunitario” en este caso deja de tener el carácter o consideración de internacional y esto hace que suponga una sensible reducción del peso sobre los intercambios mundiales. La mayor participación del euro en la facturación del comercio europeo supondrá que los efectos derivados de las fluctuaciones cambiarias del dólar se reduzcan. Esto supondría un ahorro en primas de riesgo y costes de cobertura.

A modo de conclusión nos gustaría decir que en definitiva el nacimiento de este sistema monetario “tripolar” es una realidad que empezamos a palpar con los dedos aunque algunas turbulencias económicas y monetarias vividas en algunas zonas del planeta en los últimos años no hayan incidido de forma positiva en el cumplimiento de esta previsión.