Jul
16

La derrota de los titanes

Publicado en la categoría Nacional | 1 comentario

La resaca de años de borrachera constructiva comienza a hacer mella, uno de los titanes del ladrillo, Martinsa Fadesa, ha instado a un concurso voluntario de acreedores y ha pulverizado el record histórico de suspensión de pagos en España.

Hagamos un poco de memoria y recordemos la historia: Tras el estallido de la burbuja tecnológica en 2000-2001 en muchos países occidentales los inversores institucionales y familiares recordaron el apetito por los bienes inmuebles. Además, los atentados del 11-S generaron un clima de inestabilidad internacional que condujo a los Bancos Centrales a bajar los tipos de interés a niveles propios de la Semana Fantástica, consiguiendo calmar a los mercados, reactivar el consumo y la producción vía crédito. La abundancia de liquidez, así como otros factores propios del entorno nacional, permitieron el florecimiento del sector inmobiliario español en forma de una gran burbuja especulativa. De pronto el sector comenzó a absorber gran cantidad de capitales financieros y humanos, atraídos por la increíble rentabilidad. Mientras tanto, nuestro gasto en I+D sigue situándose a la cola de la OCDE y la productividad se mantiene lateral. La era del ladrillo comenzaba.   “el 6 de Marzo de 2007 Fernando Martín, presidente de Martinsa, se comprometía a aportar 100 millones de euros, si no se cumplía la ratio de deuda comprometida con las entidades financieras para realizar, una segunda opa sobre Fadesa por un valor de 4.045 millones de euros. Una vez comunicada a la CNMV la firma del contrato de financiación, suscrito en tres tramos ,de 1.000, 2.265 y 835 millones de euros, Martinsa fagocitó la contructora gallega. Manuel Jove, antiguo máximo accionista de Fadesa (54,61%) supo abandonar el barco en el último momento, ya que Martinsa-Fadesa cerró el primer trimestre de ese año con unas pérdidas de 85,1 millones frente a los 412,9 millones del mismo período del año anterior.La operación se había acordado un poco antes de la segunda mitad del 2007, momento en el que el mercado inmobiliario comenzó su tendencia bajista. Martinsa-Fadesa comenzaba su andadura con la crisis de las hipotecas subprime, resultados negativos, un cambio de tendencia en la política monetaria del BCE ante la amenaza de la inflación,….”

Al parecer, en la situación actual nadie ha estado dispuesto a prestarle 150 millones de euros para dotarle de liquidez y así seguir desarrollando su actividad con normalidad. De forma que se ha producido la mayor suspensión de pagos de la historia de España con un pasivo de 5.200 millones de euros. La compañía afirma que la decisión persigue el objetivo de garantizar la continuidad del proyecto empresarial, reestructurando y saneando la compañía a través de los instrumentos contemplados por la Ley Concursal. Lo cierto es que el presidente, Fernando Martín y el Consejo de Administración seguirán al frente de la empresa, y esperan que las medidas adoptadas en el proceso concursal solucionen el actual problema de liquidez de la compañía y así poder hacer frente a los compromisos de pago. Finalmente, debemos decir adiós a una de las principales compañías inmobiliarias europeas con presencia en cada una de las ramas del sector inmobiliario. Y lo que es peor aún, la incertidumbre en el futuro laboral de sus 880 trabajadores pendientes de los expedientes de regulación de empleo.

Derrota de los Titanes (Rubens)

Como anécdota dentro de lo sucedido, es necesario que nos fijemos en la experiencia de Manuel Jove al frente de Fadesa, la cual considero que es digna de estudio. Después de 26 años al frente y haberse mantenido firme unos meses antes ante la primera opa de Martinsa, de pronto, sabe reconocer el momento y vende la empresa que había creado. Jove consiguió 2.800 millones por su participación y no verse arrastrado por la crisis del que era su sector.

¿Es este el fin de la hegemonía de los Titanes del ladrillo?.

Mar
28

Crisis… ¿Dónde?

Manual de Crisis

“Crisis”. Esta es probablemente hoy en día la palabra más oída y utilizada en cualquier tertulia de cariz económico que se desarolle en España. Muchos la usan al “tun-tún”, sin entender lo que implica en realidad o cuáles son sus hipotéticas repercusiones. Pero se ve que es la moda y “viste” mucho utilizarla, quizá es porque quien lo hace cree que por el hecho de citarla gana automáticamente credibilidad.

Somos un país paradójico. Capaces de pasar de la euforia colectiva de saber que nos hemos convertido en la 8ª economía mundial (en términos de PIB y por poco tiempo), o de intuir que pronto podríamos superar también a Italia, al desánimo más absoluto por unas predicciones que no nos son nada halagüeñas. ¿Pero señores qué queremos? ¿Qué es lo que hemos estado sembrando todos estos años de crecer a más del 3,5% (lo cual es muchísimo para ser un país plenamente desarrollado, capitalista e integrado en la UE) y no aprovecharlo como deberíamos haberlo hecho?

Durante años hemos fomentado que el sector de la construcción fuera la locomotora de nuestra economía desoyendo a los expertos que sin tener que hacer ningún alarde de conocimientos técnicos nos predecían una caída en picado no muy lejana. Quizá finalmente no lo vaya a ser tanto, afortunadamente. Pero de lo que no hay duda es que hemos hecho nuestra como nadie, la máxima del “pan para hoy y hambre para mañana”.

El sector de la construcción es el típico sector muy intensivo en mano de obra que en caso de estar en alza ayuda a reducir rápidamente la tasa de desempleo. A este fenómeno le debemos las bajas tasas históricas de paro registradas en nuestro país que en algunos casos han rozado el 5%, que como sabréis es considerado por muchos como “pleno empleo” o “paro coyuntural”. Sin embargo todos están de acuerdo en que el crecimiento generado por este sector, aunque produce un rápido crecimiento, disminuye el paro y ayuda a maquillar las cifras macroeconómicas españolas, sin embargo, y aquí está el problema, no es un sector “eficiente”. Y la “eficiencia” es la otra palabra clave de la economía española porque tradicionalmente carecemos de ella en comparación con otros países. Si a una balanza por cuenta corriente crónicamente deficitaria (como es el caso de la española), le añadimos una mano de obra poco cualificada, una industria relativamente poco eficiente también, un tejido empresarial compuesto mayoritariamente por pymes, y como guinda un sector líder en la economía que es el de la construcción que no se caracteriza precisamente por su valor añadido ni por su inversión en I+D(+I), tendremos los ingredientes de este gran pastel-falla que antes o después nos tenía que explotar en los morros.

Y debemos dar gracias que según parece este “aterrizaje” no será todo lo brusco que en principio se anunciaba. Estaba claro que España dado su nivel de desarrollo no podría continuar creciendo al 3,8% por mucho tiempo. Sin ir más lejos Alemania no llega al 2% y Japón lleva años sumido en un carrusel de subidas y bajadas en torno al 1%. Pero aún así y con esa terrible crisis acechándonos, parece que la rebaja en las previsiones de crecimiento del año que viene no bajarán más del 2,7%, lo cual sin dejar de ser un “decrecimiento” tampoco puede ser considerado como un dato excesivamente negativo.

Como siempre se suele decir en estos casos, es hora de que España empiece a mirar con decisión hacia la inversión estratégica en I+D y en una mano de obra preparada y eficaz para al menos poder competir a nivel global con los países de nuestro entorno con igualdad de armas y unas perspectivas de futuro esperanzadoras. Mimbres no nos faltan; decisión, confianza en nosotros mismos, y cabeza para hacerlo de la forma más adecuada quizá sí.